lunes, 17 de octubre de 2011

Dar el pecho ( y ponerle el pecho)


Cuando pienso en el día de la madre, primero viene a mi mente la cara de Amadeo y después viene la palabra "Teta"
En mi caso, no hizo falta hacerle caso a las campañas publicitarias a favor de la lactancia materna; siempre supe que si me era posible, iba a amamantar a mi bebé... Digo "si me era posible" porque en el trayecto de mi embarazo aprendí que no siempre es tan simple para todas las mujeres y muchas veces no es algo que se pueda decidir (pueden ser muchos los factores que provoquen que el pecho no produzca leche, la cantidad que el bebé necesita o simplemente es el bebé el que nunca "se prende a la teta").



 Los primeros días en la clínica no fueron muy fáciles, ya que debido a la cesárea, costó casi una semana que pudiera darle a Amadeo toda la leche que necesitaba, así que durante esos primeros momentos, complementamos con leche de fórmula (personalmente, recomiendo la línea de Sancor Bebé3). Al cabo de diez días, el gordito  ya se alimentaba exclusivamente a teta... en cualquier lado y en cualquier lugar.





La verdad es que pensé que me iba dar verguenza o pudor amamantar en público pero nunca me pasó. De todas maneras siempre traté de no exponer el cuerpo innecesariamente, usando saquitos o prendas que me cubrieran, inclusive, alguna que otra vez, en días de mucho calor al aire libre, le pedí a Mariano que justo en ese momento me cubriera con una sabanita fina y fresca... la verdad es que pensé siempre en no incomodar a los demás pero afortunadamente, nunca sentí ninguna mirada de desaprobación, todo lo contrario.



 Así es como Amadeo toma la teta en estos días, muy cómodo el señor! Solemos plantearnos con Mariano hasta cuando sería apropiado continuar con la lactancia materna: El sugiere hasta los dos años o más... y yo le respondo "Cuando le empiecen a colgar las patas, no". Supongo que el destete no se puede programar del todo, algo me dice que va a ser un proceso más armónico de lo que me imagino y Amadeo y yo vamos saber cuando es el momento. Sí imagino que voy a extrañar enormemente este vínculo tan íntimo, nada va a volver a compararse con esto. Dándole el pecho a mi bebé me di cuenta de muchas cosas: Primero, el cuerpo es una máquina increíble y extraordinaria: no sólo genera un ser viviente y lo aloja y lo hace crecer, sino que cuando sale, lo sigue alimentando con todo lo necesario para que siga creciendo sano. Hablando de Madre Naturaleza y sabia... Segundo: Si bien es cómodo porque el pecho está disponible en todo momento y lugar, también es agotador; todavía me pasa cuando le doy el pecho a la madrugada que salgo de la habitación de Amadeo mareada y chocándome con las cosas, como si alguien literalmente, me hubiera absorbido mi energía vital. Tercero: De verdad amamantar me ayudó a perder peso, al fin pude bajar los kilitos de más aún antes del embarazo. Cuarto: Volver al trabajo y seguir amamantando es un proceso muy difícil. Me empeciné en que Amadeo siguiera tomando exclusivamente leche materna, así que me sacaba leche en el trabajo y la cargaba todo el día en un bolsito térmico. Si podía sacarme en casa, directamente la frizaba. Un día una alumna de primaria me preguntó para qué era el bolsito, y le expliqué simplemente la verdad: ella se sonrió y me dijo "Ah, era para eso? Yo pensé que en el recreo te ibas a poner el Slender Shaper" (ese cinturón masajeador para perder peso) me causó mucha gracia y me relajé, así que cuando alguien me preguntaba, simplemente contaba la verdad y Quinto: me encontré con mucho apoyo y solidaridad de mis compañeros y compañeras de trabajo, que me bancaban sin problemas si me demoraba un ratito extra con el sacaleche (recomiendo la línea Avent, aunque cara, es fácil de usar, cómoda y rápida)



 Si bien en esta foto no estoy dando el pecho, ahí está recostado Amadeo, como si no quisiera despegarse (y entre nos, yo tampoco quiero que se despegue) Ahora que Amadeo ya come comida, la teta no es su alimento principal, pero sigue tomando porque le hace bien y es muy mimoso. El tiempo dirá hasta cuando... Bueno, tal vez podamos negociar que "las patas" cuelguen un poquito.


Fotos Mariano Nesi

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